San Hilario fue Papa, confesor y gran defensor de la fe, con sus cartas sobre la fe católica, confirmó los grandes concilios de Nicea, Éfeso y Calcedonia
San Hilario, Papa y Confesor: Valiente defensor de la fe.
El Papa San Hilario (también Hilaro, Hilario) fue el obispo de Roma desde 461 hasta el 28 de febrero de 468. Anteriormente, fue el enviado del Papa León I al sínodo de Éfeso en 449. Fue elegido obispo de Roma, probablemente el 17 de noviembre de 461, y fue consagrado el 19 de noviembre. Como Papa, promovió la autoridad de Roma tanto dentro de la Iglesia Cristiana como frente al poder imperial de Constantinopla. Dejó varias cartas que trataban de asuntos administrativos y de disciplina de la Iglesia y fue responsable de un cambio importante en la liturgia de la Santa Misa. En el año 465, San Hilario presidió el sínodo romano más antiguo, cuyos registros aún se conservan. Durante su breve papado, también construyó varias iglesias, conventos y edificios públicos.
Fiesta: 28 de febrero.
Martirologio romano: En Roma, en la vía Tiburtina, sepultura de san Hilario, papa, que escribió cartas sobre la fe católica, con las que confirmó los concilios de Nicea, Éfeso y Calcedonia, enalteciendo el primado de la Sede Romana (468)
Biografía de San Hilario.
San Hilario era natural de Cerdeña, isla en la que vio la luz en el siglo V. Los únicos datos disponibles para configurar su biografía arrancan en el momento en el que fue designado diácono.
La personalidad y carisma de San Hilario comenzaron a ser patentes después de que el Papa San León Magno, con quien mantuvo siempre una entrañable amistad, le hiciera depositario de su confianza. Eso indica que muchas virtudes debió ver en el joven diácono para acogerlo de ese modo y que le enviase como legado suyo al concilio de Éfeso.
Era un momento extremadamente difícil y hasta peligroso, ya que se habían desencadenado graves desavenencias en el seno de la Iglesia que tenían como centro al monje hereje Eutiques. Era el impulsor de la herejía monofisista en la que se negaba la naturaleza humana de Cristo para reconocer únicamente su naturaleza divina.
Esta acérrima defensa de Eutiques tuvo defensores en ciertos prelados, y también detractores en los prelados ortodoxos. Pero el grado de violencia en el que se enfrentaron fue tal que desencadenó en el Latrocinio de Éfeso. El Papa había enviado a Éfeso a San Hilario junto a otros legados que partieron de la ciudad de Lidia.
En el transcurso del viaje, que fue accidentado, un sacerdote murió, pero al final lograron llegar y fueron recibidos por el patriarca de Constantinopla, Flaviano. Su oponente, el también patriarca Dióscoro de Alejandría, ejerció una brutal oposición, llena de intrigas, que culminó con ese latrocinio en el que san Flaviano perdió la vida. Hubo destituciones de obispos orientales y otros muchos desmanes.
San Hilario, que se salvó de milagro, después de haber podido defender la ortodoxia de la Iglesia, siempre consideró que debía esta gracia de haber sobrevivido en la revuelta al Apóstol San Juan Evangelista, ante cuya tumba había orado y solicitado su protección.
A salvo de las iras y hostigamientos de Dióscoro, y recordando aquellos momentos de mediación del apóstol, años más tarde, en su memoria erigió una capilla en el bautisterio de San Juan de Letrán, lugar en el que se halla una placa conmemorativa con estas palabras de agradecimiento: «Hilario, obispo y siervo de Cristo, a su liberador, san Juan Evangelista».
San Hilario, el nuevo Papa.
El Papa ensalzó la labor de San Hilario en Éfeso, lo designó archidiácono y le encomendó otras misiones de cierta complejidad. Cuando murió el 10 de noviembre del año 461, Hilario fue designado para sucederle.
San Hilario ocupó la sede de Pedro desde el 19 de noviembre del año 461 hasta el fin de sus días en el año 468. En ese periodo tuvo que atajar los abusos que algunos miembros de la alta jerarquía eclesiástica cometían en las Galias. Intervino en Viena, donde Mamerto consagraba obispos sin contar con el beneplácito del metropolitano.
Trabajó diligentemente para fortalecer la Iglesia en Francia y España, convocando concilios en 462 y 465. San Hilario también reconstruyó muchas iglesias romanas y erigió la capilla de San Juan de Letrán. También reprendió públicamente al emperador Antonio en San Pedro por apoyar la herejía macedonia y envió un decreto a los obispos orientales validando las decisiones de los concilios generales de Nicea, Éfeso y Calcedonia.
San Hilario fue un fiel defensor de la concordia entre los sacerdotes, promovió su unidad y la lucha común por la causa de Cristo, como devela su carta a Leoncio. Su gobierno estuvo marcado por la colegialidad. Se reunía con los obispos y solicitaba su parecer sobre cuestiones difíciles que debía afrontar.
El Papa San Hilario también dejó varias cartas relacionadas con los asuntos administrativos de la Iglesia y a la disciplina, y fue responsable de una renovación completa de la liturgia de la Misa en el año 467, destinadas a modernizar los rituales de la iglesia, los cuales eran considerados demasiados lúgubres para la nueva generación de conversos y para los cismáticos que regresaban.
Con sus cartas sobre la fe católica, El Papa San Hilario no hizo más que confirmar los grandes concilios de Nicea, Éfeso y Calcedonia. Edificó capillas en la basílica de Letrán y construyó un monasterio en honor de San Lorenzo. San Hilario consolidó la Iglesia en Sandi, África y la Galia. Murió el último día de febrero del año 468.
Datos sobre el Papa San Hilario.
- Nació hacia el año 400 en Sardina, Italia, bajo el Imperio Romano de Occidente.
- Fue un valiente defensor de la fe verdadera.
- Alrededor de la edad de 68 años, murió el 29 de febrero de 468, un día de año bisiesto.
- Se le enterró fuera de las murallas, en la basílica de San Lorenzo, tras una muerte por causas naturales.
- Se convirtió en Papa el 19 de noviembre de 461.
Las cartas del Papa San Hilario revelan que fue un administrador inteligente, celoso y capaz, que corrigió enérgicamente los abusos y gran parte de su pontificado se dedicó a mantener la disciplina eclesiástica conforme al derecho canónico y a resolver las disputas jurisdiccionales entre los obispos de la Galia y de España.
Oración a San Hilario.
Dios todopoderoso y eterno, así como tu siervo, el Papa San Hilario, defendió la divinidad de tu Hijo Jesucristo y la verdadera doctrina de la fe católica, te rogamos que nos des una comprensión más profunda de tus misterios y ayúdanos a profesarlo en toda la verdad. Amén.
Santos de la semana
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